"Verónica y Coen"
"Verónica y Coen"

 

 

 LA VÍA LÁCTEA

 

Vivimos una época que requiere propuestas artísticas sustentadas desde el universo complejo de las ideas, mostrando aspectos esenciales que deben ser revalidados, puesto que ya han sido ‘dichos’ con anterioridad.

Este mundo -el artístico y el espacio ‘real‘ que habitamos- precisa que le conduzcan, guíen a un necesario camino hacia la lucidez. “Dadme otras madres y os daré otro mundo” decía San Agustín.

Maternidad y lactancia han estado presentes en manifestaciones tanto del arte prehistórico y clásico, como en otras pertenecientes a la actualidad. La visión que la fotógrafa Isa Sanz nos propone en Alma máter, aparece enriquecida bajo un prisma ideológico, cuasi filosófico.

Los mass media exponen cada día, con ‘naturalidad’ y total impunidad, imágenes cargadas de violencia y horror. En medio de este escenario repleto de sensibilidades anestesiadas, ¿puede existir un ‘antídoto’ más eficaz y hermoso que mostrar un acto de amor entre madre e hijo como es la lactancia?

 

La artista encarna -en cada proyecto que emprende- a ‘LA MUJER’, se convierte en cada mujer que fotografía. Refleja en su obra aspectos pertenecientes al territorio de la psique, ‘desnuda’ el inconsciente colectivo femenino: esa poderosa energía que camina junto a todas las mujeres desde los albores de la humanidad. Sus retratos apelan asimismo, a lo espiritual, a ese interesante ‘lado por descubrir’, en el sentido de que existe un lugar ‘interior’ que necesita ser iluminado, no obviado.

 

“(…) Esta es la tarea de cada ser humano: atravesar la vida terrenal en busca de su propia sombra, para llevarla a la luz y caminar el propio sendero de sanación (…). El bebé se convierte en espejo cristalino de nuestros aspectos más ocultos. Por eso el contacto profundo con un bebé debería ser un período para aprovechar al máximo.” 

Laura Gutman (1)

 

Ese ‘ser total’ -con su luz y su sombra- que somos cada una de nosotras es el que aflora de sus manos ‘cazadoras’ de eternidad.

 

“(…) Una vez terminado el acontecimiento, la fotografía aún existirá, confiriéndole una especie de inmortalidad (e importancia) de la que jamás habría gozado de otra manera (…)”. 

Susan Sontag (2)

 

Nos encontramos, por tanto, ante una creadora que transita, con igual talento, por geografías que oscilan entre el intelecto y las emociones.

 

Una mujer puede decidir ‘pasar de puntillas’ por su maternidad o alcanzar con ella ‘la experiencia de su vida’. Son dos alternativas muy diversas e igualmente respetables. Si es su voluntad alimentar la oportunidad transformadora que parir un hijo le brinda, esta senda le conducirá -seguramente- a ser más consciente de la ‘niña-mujer-ser’ que ha sido, y a cabalgar -desde ese mismo conocimiento- hacia esa otra MUJER que quiere SER. Todo esto está presente en las imágenes de Sanz.

Ya lo inició en su anterior -e imprescindible- trabajo Sangro pero no muero donde presentó la menstruación como la ‘otra’ oportunidad que las mujeres tenemos al alcance para ‘renacer‘.

 

“(…) Una mujer que toma conciencia de su ciclo y las energías inherentes a él también aprende a percibir un nivel de vida que va más allá de lo visible; mantiene un vínculo intuitivo con las energías de la vida, el nacimiento y la muerte, y siente la divinidad dentro de la tierra y de sí misma. A partir de ese conocimiento la mujer se relaciona no sólo con lo visible y terrenal sino con aspectos invisibles y espirituales de su existencia (…).” 

Miranda Gray (3)

 

Alma máter nos habla de mujeres que quizá aún no hayan recuperado la menstruación -es conocido que la lactancia puede inhibirla- y el maravilloso viaje que supone sostener ese vínculo ‘lácteo’, estrecha conexión en la díada madre hijo. Sus protagonistas son féminas comprometidas con la lactancia hasta donde su corazón e instinto les dictan.

 

La mujer que lacta ‘rebosa’ prolactina, una hormona ‘aliada’, que junto a la oxitocina, llamada ‘hormona del amor’, le hace sentir el bienestar, recogimiento y disposición adecuados para desarrollar esa tarea que supone estar plenamente centrada en la crianza.

 

“(…) La madre que alimenta a su bebé se encuentra en un equilibrio hormonal especial, es decir, bajo los efectos de la prolactina, la hormona indispensable para que el pecho segregue leche. (…) Cuando una mujer amamanta, todos los efectos de la ‘hormona del amor’ se dirigen hacia el bebé, que se convierte en el objeto de su amor; la subordinación hace que esté totalmente disponible frente a cualquier demanda del bebé (….).” 

Michel Odent (4)

 

La leche ‘engancha’. Me atrevería a decir que por igual a madre e hijo. No en vano en muchos grupos de apoyo al puerperio y la crianza se escuchan frases de este cariz: “Lo hemos dejado”, “Mi bebé se ha quitado”, “Estoy intentando cortarlo”, etc.… expresiones que parecen definir una adicción, una “dependencia a…”.

Este es realmente el quid de la cuestión. Somos dependientes una ‘pequeña-gran’ etapa que ayudará a conquistar la independencia y la armonía en nuestras vidas adultas.

 

“(…) Creo que si amamantáramos y conserváramos realmente a ‘upa’ a los bebés todos creceríamos más felices y las carencias afectivas no estarían tan representadas en las guerras que peleamos afuera (…)”. 

Laura Gutman (5)

 

La mamá que decide conservar la lactancia, más allá de un lapso temporal ‘estándar’, desoye sugerencias ‘médicas’, puesto que -a pesar de que la OMS recomienda prolongar la lactancia más allá de los dos primeros años de vida- en la práctica, muchos ‘profesionales’ sanitarios se permiten sugerir la introducción del ‘rentable’ biberón.

Además, enfrenta opiniones procedentes de su propio entorno en el que otras mujeres (amigas, familiares, vecinas…etc.) -que optaron conscientemente por no mantenerla, o ni siquiera probaron a amamantar- tratan de ‘evangelizar‘ a ‘recién llegadas’, quizá intentando así solucionar su propia contradicción interior.

 

La madre que amamanta ‘se marcha’ de lo cotidiano y alcanza ese espacio donde construye una estrecha relación de amor para fusionarse con ‘su’ criatura, percibiendo y satisfaciendo las sensaciones y necesidades del pequeño como propias.

Por otra parte, el bebé lactante se convierte en un ‘yonqui’ de la teta: ¡¿cómo iba a ser de otra manera?!”. Mamá le proporciona, a través de su pecho, lo que precisa para llegar a convertirse en un ser autónomo, seguro, cimentado en el cariño y el milagroso contacto con su progenitora. Así es la lactancia, nada más y nada menos. Y esos instantes esenciales en el desarrollo de un nuevo ser son los que fotografía la cámara de esta artista.

 

Isa Sanz es una militante de ‘La vía láctea’, pone su objetivo al servicio de algo en lo que cree firmemente. Esta serie de imágenes de madres y lactantes es un manifiesto, toda una declaración de principios.

Sus mujeres son ‘guerreras’ que de la mano de otra mujer, una hechicera de la imagen, aparecen en nuestra mirada para recordarnos qué es lo auténtico y mágico de esta vida. Sus fotografías llegan hasta nuestras retinas para que no nos distraigamos de lo primordial, aquello que tiene que sobrevivir, perpetuarse por el propio bien de la especie.

 

Por otra parte, algunas manifestaciones artísticas conectan con una determinada voz, que casi parece dictar la obra que debe ser creada, pintada, escrita, fotografiada… concebida en definitiva.

El gran Leonard Cohen en su discurso al recibir el Premio Príncipe de Asturias de las letras 2011 apuntaba: “(…) La poesía viene de un lugar que nadie controla, que nadie conquista.” Cohen se refería a que la poesía, las canciones, nacen de un lugar desconocido de nosotros mismos.

Vamos a afirmar que con las fotografías sucede igual, puesto que cuando un artista ‘siente la llamada’: ¿qué otra cosa puede hacer que entregarse en cuerpo y alma a ese estímulo inexplorado y crear?

A Sanz le ha sucedido con ‘su’ Alma Máter, donde el universo de la maternidad y su vínculo por excelencia, ‘han aparecido’ como la mejor inspiración. Ha conectado con esta ‘vibración’ y una vez que ha elaborado -intelectual y emocionalmente- lo que quería mostrar, casi mágicamente surgieron cada una de sus modelos: mujeres que caminan con firmeza por ‘La vía Láctea’ acompañadas de sus hijos.

Su obra nos está dando un mensaje muy claro: “Esto que veis es sagrado, la muestra de amor más primigenia y absoluta. Mis dedos fotografían ‘Verdad’, para que no os olvidéis de ella”.

 

Alma máter: ‘madre nutricia’, madres que alimentan, en el sentido más amplio del término. Una fabulosa colección de fotografías ‘enriquecida’ por las gotas de Hera, de todas ‘las Heras’ que generosamente han compartido su intimidad, permitiendo que el objetivo de Sanz entre en este ‘gineceo’.

Son madres, es amor universal.

 

Una última cosa:

He posado para ella, porque creo en ella: la lactancia.

He escrito para ella, porque también creo en ella: la artista.

 

Verónica Serrada, escritora y madre. Aparece junto a Coen en Alma máter.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

1   Gutman, Laura, “La maternidad y el encuentro con la propia sombra”, Buenos Aires, Ed. Del Nuevo Extremo,  2012, (pp. 26- 27).

2    Sontag, Susan, Sobre la fotografía”, México D.F.,  Ed. Alfaguara, 2006 (p. 26).

3    Gray, Miranda, “Luna Roja”, Madrid, Gaia Ediciones, 1999 (p.75).

4    Odent, Michel, “El bebé es un mamífero” Ed. Ob Stare, S/C. de Tenerife, 2009 (p.150).

5    Gutman, Laura, “La maternidad y el encuentro con la propia sombra”, Buenos Aires, Ed. Del Nuevo Extremo,  2012, (p.113).